
El Málaga demostró ayer, sobre un terreno de juego casi impracticable, garra, coraje, ambición, pundonor, amor propio, derroche de esfuerzo, sufrimiento, confianza en sí mismo, verticalidad, capacidad de superación y buen juego. Y todo ello, pese a la parcialidad del árbitro madrileño Velasco Carballo en multitud de faltas. Pero enfrente había uno de los mejores equipos de Europa, dispuesto a resolver los partidos en los primeros veinte minutos y que ha cambiado como de la noche al día desde que es dirigido por Pep Guardiola.El conjunto entrenado por Antonio Tapia intentó capear el temporal -de lluvia y goles- como podía. Y no es que los culés hicieran nada del otro jueves, que no se podía, pero sí se impregnaron de la misma humildad y co... razón que los malaguistas, algo que había pedido el técnico catalán para ir por delante en el marcador. El golazo de Duda, que se crece ante el Barça -¿recuerdan el recital del portugués en el 5-1?- sirvió para igualar el electrónico y para llevar más motivación, si cabe, a una afición helada por el frío y por el gol de libre directo de Xavi a los 6´ tras una falta innecesaria de Apoño. El palmillero tampoco pudo cortar el balón dentro del área -al unísono con Weligton- que aprovechó Messi para colocar el 1-2 en el 19´. Parecía un duelo entre Duda y Messi, Messi y Duda, nacidos en las antípodas el uno del otro. El portugués se encaró con el argentino poco antes del descanso tras interponerse éste ante el luso cuando arrancaba a correr. Y es que ambos parecían tener la llave del encuentro. Con Henry en el ´banco´, no habían aparecido Eto´o, el ´hermano negro´ de Albert Luque, y mucho menos, Iniesta, mandado a la ducha en el 50´ tras su inoperancia como extremo izquierdo. En el Málaga, tampoco Adrián, al que frenó Márquez en su única oportunidad.Desde el 19´ al 45´ el Barça se limitó a frenar las acometidas del Málaga, que por medio de Baha de cabeza en dos ocasiones -la segunda, anulada por fuera de juego- y de un tiro de Duda buscaba el empate con ahínco. El cuadro malagueño merecía un mejor resultado. Y es que el Barcelona había marcado dos goles en tres llegadas claras.Con el campo embarrado -Arnau y Valdés ya lo estaban desde el calentamiento-, ambos equipos apostaron por un fútbol directo, pero con más cabeza que corazón. La batalla estaba en la medular, donde se imponían los ´gigantes´ Sergio Busquets y Touré Yayá. Tras la reanudación, Henry, que entró en el 50´, sólo necesitó tres minutos para dar en bandeja el tercero azulgrana a Xavi, que hizo doblete y puso tierra -que no barro- de por medio. Fue una triangulación para grabar en vídeo, un manual de eficacia, con centro de Messi al francés.Querer y no poder. El choque, entonces, se tornó trabado, sobre todo a raíz de una dura entrada de Alves a Miguel Ángel, una dinámica que perjudicaba al Málaga al ir por detrás en el marcador.Tapia reaccionó, quitó a Adrián y metió a Nacho, que pasó a jugar de extremo zurdo, y Duda de mediapunta por detrás de Baha.El empuje blanquiazul no era suficiente frente a la practicidad del Barça, que apostó desde el inicio por las acciones a balón parado para imponerse. El 1-4 no llego porque lo evitó el palo tras libre directo lanzado por Alves. Ya con Fernando en el campo, con Duda de nuevo en la izquierda y Nacho por el centro, el partido se convirtió en un correcalles a falta de 20 minutos. Ataques culés, que ambicionaban más tantos, y contraataques malaguistas, que no daban el envite por perdido pese a los dos goles en contra. Tapia puso más madera para contrarrestar el vendaval y metió a Albert Luque, el tercer ex azulgrana en el bloque local, que buscó el penalti en una caída ante Piqué en su primera acción. El barcelonés tenía un cuarto de hora para tratar de empatar al equipo que lo formó.Con el gol en propia meta de Weligton, cómo no tras una falta lanzada por Alves -de nuevo a balón parado-, parte del público enfiló el camino de la salida. El resultado era injusto, demasiado abultado. El Málaga no tuvo ninguna ocasión más para acortar diferencias. Incluso el Barça tuvo otra, de Alves, pero Arnau se estiró y evitó el quinto.
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